
Como si de una película de Frank Capra se tratase la historia de Manolete es la de una epopeya de lo cotidiano en versión cañi: cualquier friki puede triunfar si se lo propone.
En el caso de Manuel Esteban uno no puede dejar de pensar si todo responde a un plan elaborado de antemano. Si su actuación no es sino la manifestación de una estrategia comercial bien definida y digna de estudiarse en los MBA más prestigiosos, cómo viviendo en la parida permanente uno se gana seguidores a mansalva y consigue hacer cada aparición todo un acontecimiento. El caso es que el periodista se ha convertido en un referente de la información deportiva de este país y triunfar como gacetillero en España no está a la alcance de todos. Sólo unos elegidos consiguen acceder a los primeros puestos del ranking y las cualidades que se exigen les hace ser “especiales”, por poner dos ejemplos evidentes de nuestra tesis ahí tenemos a glorias como Jiménez Losantos o Mariló Montero ambos por razones evidentes y bien divergentes.
El carácter especial de Manolete lo da precisamente su falta absoluta de rigurosidad informativa. Su índice de aciertos en anuncios de fichajes se sitúa en unos niveles tan bajos que como si de realismo mágico se tratara, cada anuncio de primicia informativa desde los micrófonos de la SER o la web del AS se convierte en todo un acontecimiento por la hilaridad que provoca en la medida que se sabe a ciencia cierta que no se va a producir. Por lo tanto nadie puede negarle al entrañable redactor que ha triunfado haciendo lo contrario que lo que mandan los cánones oficiales de su profesión, cuestión que acrecienta su mérito en la medida que los “outsiders” suelen andar muy mal parados y vivien de mala manera, por el contrario la posición de Manolete parece muy asentada.
Pero esque además existe otro registro que ha mitificado aún más su figura: su condición de colchonero “de esos para los que el sentimiento atlético está por encima de todo”. Es donde aparece el Manolete “serio” aquél qie manifiesta su profundo pesar por la marcha de su equipo, es implacable en sus juicios y conoce los entresijos del club como nadie. Es entonces donde provoca más risas y donde su éxito supera todas las expectativas que jamás pudo soñar desde sus inicios en esas lejanas tertulias en el mítico “Goles” de Pedro Pablo Parrado
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